El Vagón Alegre comenzó su andadura en los años 50 y, algo cansado, decide jubilarse y establecerse en el monte, donde comienza un trabajo más liviano y apreciado por las personas que deciden habitarlo.
Al subir las escaleras de hierro y correr la puerta, entramos en un espacio lleno de colores y fuerza proporcionada por el entorno de encinas y el aire puro en el que está inmerso.