para empezar, está el emplazamiento. en lo alto, como un balcón, un mirador hacia la sierra o las sierras. un lugar donde se pierde la mirada. para seguir, la casa (o las casas) cuidadas al detalle. blancas, blanquísimas, por fuera, y cuidadas hasta el mínimo detalle por dentro. la prueba de fuego: si necesitas una silla en el baño para dejar las cosas, allí está. que echas de menos un frigorífico de más para la bebida, lo tienen. y así sucesivamente. para colmo, en lo más crudo del crudo invierno, pasamos calor. calefacción en todas las habitaciones y chimenea en el salón (o salones). nosotros fuimos un grupo numeroso y aureliano, el dueño, nos abrió también las puertas del salón de reuniones, preparado para grandes grupos. todo perfecto. aureliano te lo pone todo fácil. y las casas un punto de partida para hacer mil y una excursiones, a cual más bella. grabado ya en la memoria, sobre todo, aquel atardecer en el mirador de la peña quesada, cuando el cielo se multiplicaba de colores. para ir.