Abierto desde 1995, la casa Aloe-vera ha sido restaurada por Lola Viúdez, su propietaria, que la heredó de su abuela. Lola trabajaba en Cataluña, pero decidió ir a vivir al campo y recuperar el cortijo prácticamente abandonado. Para ello utilizó técnicas alternativas de construcción que no fueran agresivas con el entorno ni con el medio ambiente. El resultado no puede ser mejor: todo ha sido realizado con sencillez y buen gusto.
Esta región abierta y de amplios y claros cielos, puede ser gratificante para los amantes del campo y del aire libre. Los paisajes son agrestes y desnudos; aunque sean áridos tienen su vegetación y sus escondidos manantiales. Se trata de unos campos llenos de escarpaduras, pero surcados también por pequeñas vegas donde se alzan cortijos blancos rodeados de espartos, retamas y chumberas.