Mientras los niños jugaban en la playa los controlábamos desde la galería del salón, a un paso, y los abuelos paseaban por Ferrol, donde habían ido en autobús de linea.
Al día siguiente invertimos el proceso, y nos fuimos a explorar la costa con los niños en coche, mientras los abuelos se quedaban en la casa viendo entrar y salir los barcos y haciendo amistad con los lugareños.
Por la noche el silencio era total, y pudimos dormir todos como troncos!
Cada uno pudo sacarle un partido distinto, y sin obligarse a hacer todos lo mismo, por lo que hemos pasado unas navidades geniales, creo que las primeras sin acabar todos enfadados! ;-)
Ahora en serio, la casa transmite paz y espacio, nos hemos quedado prendados, si podemos volveremos en verano para poderle sacar aún más partido a la playa, está tan cerca!!