Cuando una casa es capaz de tener encanto a cualquier hora del día y de la noche es que es algo más que una casa, es un remanso de felicidad perenne, un bálsamo para sanar el agrio dolor de los tiempos que transitamos. Es tan bella y acogedora a la hora de la siesta, tan sublime y elegante de madrugada, tan agradable y cercana al amanecer, tan cálida y maternal a la hora de la cena, tan hermosa y equilibrada en todo momento... El olor de un mar de fondo se mezcla con el del campo en una receta que alimenta el alma con un embrujo que desemboca en la devoción incondicional y eterna... ¡Qué divina maravilla vivir rodeado de aguacates, mangos, higueras y olivos! ...Y el mar protegiendo la serenidad de la intensa luz mediterránea que otorga la oportuna belleza a cada momento del día. Cada rincón es una oportunidad para el deleite, un espacio de creativa sensibilidad expuesta al encanto de lo sencillo, del silencio, del escaparate a la naturaleza prodigiosa que mima con ternura y dulzura de