La situación y las vistas del alojamiento son increbles. Situado a dos pasos del casco viejo, con la playa en la puerta.
El alojamiento es amplio y confortable. Para pasar unos días es perfecto y la única pega es que no tiene cocina, solo microhondas, nevera pequeña y cafetera para desayunar. Para nosotros no fué ningún problema porque comimos y cenamos fuera y así disfrutamos de la gastronomía de San Sebastián.
María, la dueña, muy agradable y cercana
Sin duda repitiría.