La cabaña es cómoda y está muy bien equipada, no le falta nada. El barrio es muy tranquilo y silencioso, ideal para apreciar los sonidos de la naturaleza. La atención, tanto en reservas (Florencia) como de la anfitriona (Kelly), fue muy buena.
El mantenimiento del deck, están las maderas rotas y muy gastadas.
A modo de comentario, ya que no influyó en el confort de la estadía, pero sólo había un velador en la habitación matrimonial, faltaría otro del otro lado.