Cap sa Sal es uno de los secretos mejor guardados de la Costa Brava. No voy a contar muchos detalles porque es mejor descubrirlos cuando estás allí.
La finca es de súperlujo: cala privada, piscina infinita con agua de mar, ambiente familiar y tranquilo, múltiples tumbonas sin problemas de ocupación.
El apartamento es espacioso, limpio, ordenado y cómodo (eramos una familia con 3 niños). La terraza ofrece unas vistas brutales del mar abierto ya que está encima del acantilado. Mejor que en las fotos.
El propietario es muy amable y cuida todos los detalles: vino & cava & agua de bienvenida, a estrenar los básicos de cocinar (aceite, sal) y los productos de limpieza.
Información de los alrededores como si fuera tu amigo.
La piscina cuenta con un chiringuito -nada caro- que permite disfrutar todo el día de las instalaciones sin tener que salir. Aunque es una pena no visitar los pueblos de la zona: Begur, Pals, Monells, Peratallada....
Una semana se hace corta.
Volveremos seguro.