Somos una pareja con dos niños pequeños. Llegamos llenos de estres, cansados y sin saber muy bien por que habíamos elegido este sitio para venir de vacaciones. Nada mas llegar nos sorprendió el paisaje tan insólito, la tranquilidad que se respiraba en el aire y el silencio. Las imagenes del alojamiento no hacia justicia a la belleza del lugar. Pronto nos instalamos y enseguida nos sentimos como en casa. El exterior es ideal para que los niños jueguen y nos dejasen descansar. Por la noche cenamos en el exterior y descubrimos que el cielo era tridimensional y las estrellas infinitas. Nuestros niños preguntaban incansables por el nombre de las mas brillantes, menos mal que tenia una aplicación en el movil y me saco de apuros, dando respuestas a sus preguntas. Todos los días descubriamos algo nuevo, dando un paseo, haciendo una escursión...
Los dueños fueron muy atentos dandonos consejos e información de la zona.
Al final los días nos supieron a poco y tenemos pendiente volver.