Entre abuelos, padres y nietos estuvimos alojadas 10 personas (6 adultos, 3 niños y 1 bebé) sin ningún tipo de apretura. La casa es amplia en todos sus habitáculos. Desde la entrada donde podíamos dejar el carro, bolsas y demás sin cortar el paso, hasta los dormitorios pasando por el salón con sus dos zonas (de estar y comedor) lo suficientemente amplias para estar todos de forma cómoda y simultánea.
Cabe destacar la cocina, amplia, cómoda, moderna, montada con muy buen gusto y con electrodomésticos de alta calidad (nevera, lavavajillas, cocina de inducción, lavadora) y todo el instrumental necesario para cocinar. También mencionar el menaje y la vajilla, con muchas piezas, todas de la misma familia (he estado en muchas casas rurales que tienen cada pieza de su padre y de su madre)
Pero sobre todo, de la casa hay que destacar el excepcional nivel de limpieza de la misma. Nunca lo he visto igual en un alojamiento de este tipo, y mucho menos en medio del campo. Así da gusto.
El pueblo es muy pequeño y tranquilo. Tiene una pequeña plaza con columpios y una zona de deportes en las afueras, donde los niños pueden desfogarse en plena naturaleza sin más ruidos que el del ganado y algún burro rebuznando. Si hay mono de ver algún partido de fútbol, Torrecaballeros está a 10 minutos, ya que el pueblo es tan pequeño y tranquilo que no tiene ni un bar.
Finalmente, hay que destacar la excepcional actitud de Yolanda, la propietaria, siempre dispuesta a facilitar la estancia (desde conseguirnos algún cuchillo especial hasta gestionarnos a través de su padre la adquisición de un cordero y un cochinillo para que lo hornearan en el vecino Brieva el día de nochevieja, pasando por obsequiarnos un delicioso bizcocho para desayunar el primer día al ver que no teníamos pan, sin olvidar la paciencia en la resolución de dudas previas al viaje)
Resumiendo, un sitio perfecto para pasar unos días de desconexión con la familia, en plena naturaleza pero con todas las comodidades. Y volver.