Imposible que a una persona con un mínimo de decencia le guste algo de aquí.
Comunicación nefasta. Y no sólo por el idioma. La falta de voluntad y empatía eran más que notorias. La única palabra que le interesó pronunciar en inglés es "money, money".
Ah, y "passports". Que nos los cogió y no nos los quiso devolver. Tuve que insistir de forma rotunda, y con avisos de posible llamada a la policía.
Trató de engañarnos un par de veces con el precio de la reserva. Obviamente, no coló. La factura la recibimos un día después desde una agencia, el propietario (una persona mayor sin empatía ni ganas de nada) no quería saber nada. Es evidente que alguien lleva el negocio y ellos (que viven ahí) se encargan (o no) de recibir a los invitados.
Del apartamento mejor ni hablar. La sensación al entrar es que estábamos en la peor estancia de nuestra larga vida viajera (el peor de Croacia sin duda alguna).
Todo sucio y dejado de la mano de Dios. Mala ventilación, olor a orina. Aparatos desconectados o que no funcionaban. Baño de asco: restos de suciedad por todos lados (espejos, inodoro, ducha...). Indescriptible el cuerpo que se te queda (y más en tiempos de Covid-19).
No había ningún artículo de nada. Ni de baño, ni de cocina. Ni sillas. Ni mesillas.
El jabón de manos tenía moho en el aplicador.
No utilizamos nada del apartamento apenas. Ducharse fue una odisea, desinfectando previamente con todo lo que podíamos.
Y dormir... pues no había otro remedio. De puro agotamiento.
El horror convertido en apartamento. No se lo recomendaría ni a mi peor enemigo.
El propietario continuamente apagando todo. Realmente cutre.
Lo único bueno la ubicación. Pese a estar cerca de la D8 (principal), el acceso nos pareció sencillo.
Huid como de la peste.